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Masa y posmodernidad

Revista > 2008



Masa y posmodernidad

Juan Manuel Aragüés

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Sloterdijk, el <enfant terrible> de la filosofía alemana, e incluso cabría decir europea, de los últimos años, vuelve a la carga con un nuevo librito: El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna. La provocación es el eje sobre el que se construye el pensar de Sloterdijk, como pudo apreciarse en sus Normas para el parque humano (Siruela, Madrid, 2000). Sin embargo, éste no es un libro provocador, sino sobre la provocación como instrumento de intervención politico-cultural. En efecto, si de alguna tesis hubiera que hablar en este libro sería de aquella que plantea que, en nuestra adocenada sociedad, sólo la provocación puede desempeñar un papel de activación política. No una provocación cualquiera, la provocación por el mero gusto de la provocación, sino la que, desde el humor, se instala en el horizonte del espíritu de justicia.
Reflexiona Sloterdijk, a partir de Elías Canetti, sobre el papel de lo irracional en el comportamiento subjetivo y su incidencia en la política de masas. Frente a los hiperracionalismos de raíz ilustrada que han querido convertir el actuar humano, individual y colectivo, en un proceso que podía resultar transparente desde una perspectiva racional, Sloterdijk subraya la importancia de lo irracional en el comportamiento humano. Que nadie, el Habermas de turno, se apresure a calificar la postura de Sloterdijk como de irracionalista, pues no se trata de proponer la irracionalidad de las prácticas, sino de describir, constatar, una parte del actuar humano, pues, apunta Sloterdijk, "la intuición canettiana subraya con maliciosa claridad la circunstancia de que en la constitución originaria del sujeto masificado predominan las motivaciones opacas" (p. 13). De ahí la dificultad de lo que Sloterdijk considera como proyecto definidor de la Modernidad: "el desarrollo de la masa como sujeto" (p.9) y que arqueologiza en autores como Hobbes, Spinoza, Hegel o Marx.
Dificultades de una política racional, derivadas de los elementos de indeterminaciòn en el actuar humano, y acentuadas por las peculiaridades de la masa contemporánea, para la que las dinámicas mediáticas resultan definitorias. Pues son los medios los que conforman a la masa contemporánea, una masa que no se reúne, que no se reconoce físicamente más que a través de la comunión en las mismas dinámicas mediáticas. Es así, paradójicamente, como en la soledad individual del consumo mediático se genera la masa posmoderna. Las grandes manifestaciones, demostraciones y mítines, en los que la masa se reconocía por su proximidad geográfica, han dejado paso a una masa difusa, abismada ante el televisor, pero tanto más compacta cuanto se halla sometida a un incesante proceso de conformación subjetiva y de desactivación política: "La masa posmoderna es una masa carente de potencial alguno, una suma de microanarquismos y soledades que apenas recuerda ya la época en la que ella -excitada y conducida hacia sí misma a través de sus portavoces y secretarios generales- debía y quería hacer historia en virtud de su condición de colectivo preñado de expresividad" (p. 18). Es lo que Sloterdijk denomina, siguiendo a Sombart, <individualismo de masas>.
El papel político de los medios en la sociedad contemporánea es subrayado por Sloterdijk, colocándose, como él mismo explicita, en la senda del análisis marxiano y, en concreto, de las dinámicas de dominación a través de la construcción de conciencia sumisa. Frente a los dos elementos más especialmente mencionados en la obra de Marx como instrumentos de dominación, lo político y lo económico, Sloterdijk hace hincapié en las dinámicas de entretenimiento generadas en el siglo XX y que suponen el contrapunto gozoso al sufrimiento que se deriva de las dos primeras. Todo sistema social debe alcanzar, para su reproducción, un cierto grado de asentimiento entre la población, no puede sostenerse sobre el continuo rechazo; el capitalismo contemporáneo, el de la sociedad mediática de consumo, ha encontrado en el entretenimiento, en la construcción de subjetividad, la estrategia para producir consentimiento.
Subjetividad construida, subjetividad norma-lizada. ¿Cómo casar esta realidad con la profunda reivindicación de la diferencia que se produce en la sociedad, y en la filosofía, posmoderna? ¿Cómo articular masa y diferencia? Porque la teoría de las masas que se genera en la Modernidad desarrolla todo un programa de homogeneización, de supresión de las diferencias, en el que la aparición de la antropología, la muerte de dios y la teorización en torno a la educación desempeñan un papel fundamental. Toda diferencia vertical, la que fundamentaba la superioridad de un estamento sobre otro, debe ser demolida teóricamente. Realizado ese trabajo, la única diferencia que resulta admisible, y la que va a promocionar el pensar posmoderno -un cierto pensar posmoderno, añadiría yo- es la diferencia horizontal, lo que Sloterdijk denomina <diferencia indiferenciada>. En el individualismo de masas se acepta toda diferencia a condición de que ésta sea epidérmica, insustancial, que no ponga en cuestión la igualdad de base sobre la que se ha articulado el discurso de la Modernidad y sobre la que el poder contemporáneo construye sus políticas de sumisión. Hay muchos periódicos, efectivamente, en la época del pensamiento único. El tiempo, el proyecto, ha dejado de existir, pero frente a lo que dice Nietzsche, hay muchos periódicos: "Pero si, a pesar de todo esto, tuviera que venir poderosamente el hastío, tal y como tú has profetizado a tus lectores, si tú tuvieses razón con tu descripción del presente y del futuro(...), entonces estaré preparado para votar con la mayoría de la manera por ti propuesta para que exactamente el próximo sábado a las doce de la noche se acabe tu mundo. Y que nuestro decreto concluya así: a partir de mañana el tiempo dejará de existir y no habrá más periódicos" (F. Nietzsche Sobre la utilidad y el perjuicio de la historia para la vida (II Intempestiva) Biblioteca nueva, Madrid, 1999, p. 123). Es el triunfo de la banalidad, de la que Rorty se convierte en apostol imprescindible.
Frente a esa banalidad, frente a la sumisión catódica, Sloterdijk aboga por la provocación, pues "sólo a través de la provocación surgen posibilidades de no seguir desmoralizándose" (p. 99). La masa es la expresión contemporánea de la desactivación política. Nuestra sociedad plural dispone de las más variadas estrategias y procedimientos para, vestida con su manto de diversidad y tolerancia, marginar todo discurso que exceda del lecho de Procusto del pensamiento único. Por ello Sloterdijk aboga por remover las conciencias, impactarlas desde la provocación, el humor y el espíritu de justicia, como estrategias de una nueva apertura política. Pues la futura izquierda, como declara en su última entrevista en el Magazine littéraire, o será nietzschiana o no será.

Sloterdijk, P. El desprecio de las masas. Ensayo sobre las luchas culturales de la sociedad moderna Pre-textos, Valencia, 2002.

Libros

David Pérez Chico


Luis Beltrán Almeria y Jose Luís Rodrígez


Revista

José Giménez Corbatón


Uwe Kiaer Nissen






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