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Humanos flexibles

Revista > 2011


Notas para pensar el imaginario de "Bolonia" o
sobre la formación de los humanos como recursos flexibles, conectables y móviles.

Daniel H. Cabrera
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“Porque ese cielo azul que todos vemos,
ni es cielo ni es azul. ¡Lástima grande,
que no sea verdad tanta belleza!”

Lupercio Leonardo y/o Bartolomé Leonardo Argensola,
A una mujer que se afeitaba y estaba hermosa, s. XVI-XVII

“No…
Ni es cielo ni es azul,
ni es cierto tu candor,
ni al fin tu juventud.
Tú compras el carmín
y el pote de rubor
que tiembla en tus mejillas,
y ojeras con verdín
para llenar de amor
tu mascara de arcilla.”

Homero y Virgilio Expósito,
Maquillaje (Tango), s. XX


La educación –como también la comunicación social- se presenta como el espacio clave de formación y construcción de la subjetividad y de la sociedad. Y es que para Castoriadis el sujeto y la sociedad no son algo dado sino una tarea, una construcción, mejor, una institución. Es decir, que para que exista un sujeto y una sociedad debe ser creada por el ser humano. La capacidad humana de creación supone la potencia de darse lo que no existe o de ver en lo que hay otra cosa ontológicamente diferente. Esa potencia es la imaginación radical (en la psique) y el imaginario social (en lo histórico social). Ambos, polos del imaginario instituyente, es decir, de la capacidad humana de creación.
En esta perspectiva la educación no es una cuestión de técnicas de enseñanzas sino el espacio clave para que un sujeto y una sociedad puedan surgir. Así la educación lleva hacia una representación de sí mismos que constituye el núcleo de lo que para una sociedad será “lo normal” y lo aceptable, por lo tanto, lo que discrimine lo “anormal” y lo prohibido. En este sentido, la educación trabaja sobre lo que para un sujeto y una sociedad resulta imaginable, pensable, deseable, esperable… y por lo tanto, posible de existir, pasible de ser real.
En este artículo quiero recordar estas ideas para invitar a pensar en una educación que no tenga como primer objetivo la adaptación a la realidad dada sino la posibilidad de una educación creativa, es decir, imaginante y creadora. La educación no sólo debe contribuir a la adaptación y acomodo de los sujetos a
la sociedad –reducida al mercado laboral- sino sobre todo a la creación de una sociedad como su sociedad, aquella que desde el ejercicio de la imaginación, el pensamiento y el compromiso con los otros es posible e instituible, aunque no exista por el momento.
La educación se ejercita en esa atmosfera que Castoriadis llama “significaciones imaginarias sociales” y que son los “significados aceptados e incuestionables” por una sociedad, la “matriz” de esos significados y por lo tanto el humus de la identidad colectiva Las significaciones imaginarias sociales son, a la vez, el espacio y el modelo
en el que y según el cual se conciben y alimentan nuevas significaciones y simbolizaciones. De allí que en la comunicación social y en la educación se trate con la producción de creencias e imágenes colectivas que estructuran lo deseable, lo pensable y lo imaginable para una sociedad y sus sujetos.
En el presente texto tienen como objetivo presentar brevemente algunas de las ideas de Cornelius Castoriadis para esbozar una interpretación del imaginario de la reforma universitaria europea llamada “Bolonia” o Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Más que una artículo se trata de un conjunto de notas para sugerir la posibilidad del análisis y el debate de estos temas no sólo en su nivel instrumental –“guías docentes”, “competencias”, “grados”, etc.- sino, sobre todo, en su fondo, el del modelo de sujeto y de sociedad que proponen.
En dicho análisis no hay estrictamente una metodología sino un truco o una treta que consiste sacar algunas afirmaciones de lo que se supone como “
su contexto” para colocarlas en otro escenario y mostrar -no demostrar- las escenas posibles que no resultan evidentes o por lo menos no del todo visibles. El comentario de algunas frases de tres documentos del EEES las reubica el contexto –por otra parte, explícito en los documentos- de la “sociedad del conocimiento” y/o “la sociedad de la información” en tanto sociedad líquida (Z. Bauman) o gaseosa (P. Sloterdijk) donde los individuos deben ser flexibles, intercambiables, conectables y móviles


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Libros

Luisa P. Rodríguez y J. L. Rodriguez García


Cristina Ballestin y Luisa Paz Rodríguez


Revista

Luis Beltrán Almeria


Traduc. Cristina Ballestín y J. L. Rodríguez García






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