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Guattari

Revista > 2008



La filosofía política de Felix Guattari


Francisco José Martínez
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1.- La actividad política acompañó a Guattari a lo largo de toda su vida. Desde sus contribuciones teórica y práctica a la constitución de una oposición de izquierda en el seno de la UEC (Unión de Estudiantes Comunistas) en el año 1965 hasta su militancia al final de su vida en el seno del movimiento verde francés, nuestro autor desarrolló siempre una actividad política militante con el objetivo constante de contribuir al surgimiento y desarrollo de grupos alternativos, críticos de las corrientes dominantes de la izquierda, socialistas y comunistas. En esta tarea sintetizó las aportaciones marxistas y psicoanalíticas en una audaz fertilización cruzada que, sin embargo, fue más eficaz en el nivel teórico que en el propiamente organizativo.

2.- En las 9 Tesis de la Oposición de Izquierdas defendidas en 1965, encontramos una reflexión que parte de la idea de que el capitalismo y el Estado forman una unidad estructurada que pretende integrar al movimiento obrero en su seno. También se desarrolla una crítica tanto del PCF como de las posiciones de la URSS y China en la esfera internacional al poner de relieve la sumisión que ambas potencias socialistas presentaban frente al capitalismo dominante a escala internacional. Pero estas tesis también se oponen a todo sectarismo elitista separado de las masas y exigen un nuevo tipo de organización revolucionaria que parta de las luchas que ya están en curso por parte de la clase obrera. Podemos decir que en estas formulaciones junto con la vieja retórica vanguardista propia del leninismo, hay elementos destacables y aprovechables todavía hoy, a saber: la conciencia de la necesidad de plantear la lucha política en el nivel internacional lo más global posible, si en 1965 esto era deseable, hoy es imprescindible; la atención a los aspectos subjetivos de la lucha con la exigencia de construir nuevas subjetividades alternativas y mutantes respecto a las integradas y dominantes; el rechazo del utopismo en tanto que voluntarismo abstracto y eticista, en beneficio del impulso de las luchas concretas existentes; por último, la necesidad de ser lúcido y no engañarse respecto a las posibilidades reales del movimiento alternativo, lo que no supone caer en el pesimismo derrotista sino que exige estar atento al surgimiento de nuevas luchas y antagonismos para analizarlas, conectarlas entre sí y amplificarlas en la medida de lo posible.

3.-La segunda gran aportación a la filosofía política que desarrolla Guattari se dirige a la integración de las aportaciones de la política revolucionaria y del psicoanálisis y la psiquiatría alternativa que se recogen en el análisis institucional. Guattari unificó muy pronto su doble militancia de psicoanalista contestatario y de político crítico y alternativo intentando politizar el psicoanálisis y aprovechar los resultados analíticos para dotar a la política de una concepción del sujeto que le faltaba. En este sentido se sitúa en la estela del freudomarxismo reichiano intentando superar el esquematismo y el biologicismo del revolucionario alemán. No se trata de doblar la economía política con una economía libidinal externa a la anterior, ni de entender la represión sexual como la interiorización de la explotación económica y del sometimiento político sino de comprender que sólo hay una economía con resultados libidinales y propiamente económicos. Sólo hay una producción que es deseante y social a la vez. El campo social está recorrido por el deseo y la libido no necesita ninguna transformación ni sublimación para investir directamente lo social: "Sólo hay el deseo y lo social, y nada más " (AE, 36).
Como muy bien nos dice Deleuze en su prólogo a Psicoanálisis y transversalidad, Guattari se dio cuenta muy pronto de que el inconsciente lejos de confinarse al estrecho marco de la familia y la conyugalidad se conectaba directamente con la política y la historia, lo que politizaba de forma directa el psicoanálisis. Por su parte, la práctica terapéutica desarrollada en la Borde mediante la constitución de grupos-sujetos se podía traspasar a la organización revolucionaria de nuevo tipo que nuestro autor buscaba desde sus análisis de la oposición de izquierda a la que ya nos hemos referido. La teoría y la práctica guattarinianas se constituían como una máquina, una máquina doble de análisis (terapéutico) y de guerra (revolucionaria). A nivel teórico se trataba de configurar una concepción de la política, una micropolítica o política molecular que se situaba en el nivel inconsciente, prepersonal y preindividual, del deseo más que al nivel molar y consciente de los intereses de clase, y a nivel práctico se trataba de acompañar las luchas clásicas del movimiento obrero a nivel político y sindical con las luchas en el frente del deseo, relacionadas con aspectos que podríamos llamar no políticos o prepolíticos: como la sexualidad, la cultura, la ecología, etc. A las luchas políticas globales se unía una miríada de luchas parciales que pretendían contestar a cualquier tipo de poder difuso en la sociedad, en las escuelas, en los hospitales, en las prisiones, en las fábricas, etc. Lo privado es político, el inconsciente es político y lo es de manera directa, no derivada o accesoria. La conexión entre política y análisis es tan intrínseca que Guattari puede afirmar que: "Es el desconocimiento, por parte de la vanguardia revolucionaria de los procesos inconscientes coalescentes a los determinismos socioeconómicos lo que ha dejado a la clase obrera indefensa ante los mecanismos modernos de alineación del capitalismo" (PT, 230). La vanguardia no ha sido capaz de captar que no todo es mentira en el capitalismo, y que éste a través del consumo si no satisface siempre las necesidades (reales) de las masas, sí promueve en cambio sus deseos (imaginarios) ilimitados.
El leninismo fue capaz de captar que la clase obrera muestra una tendencia hacia el tradeunionismo , es decir que su deseo reformista se impone sobre su deseo revolucionario potencial. Pero el corte leninista que dio lugar a una máquina institucional nueva, el partido bolchevique que, al no limitarse a prolongar simplemente las demandas de las masas fue capaz de llegar hasta el oculto deseo revolucionario que anidaba en ellas, fue eficaz en los primeros años de la revolución rusa , al ser exportado a occidente fue incapaz de dar los medios a la clase obrera de tomar el poder debido a la inserción mucho más profunda de la clase obrera en estas sociedades por un lado, y por otro a la complejidad y sofisticación de la red capilar de poder que estructura dichas sociedades y que al estar disperso impide su captura en un golpe de mano revolucionario. La vanguardia revolucionaria a construir tendrá que tener la estructura de un analizador adyacente a los procesos sociales, que, al contrario que el partido leninista, no tenga una pretensión hegemónica, sino que su pretensión sea la de impulsar las luchas combinando la actividad analítica con la praxis revolucionaria para más que interpretar el inconsciente social impulsar su experimentación desarrollando sus potencialidades y virtualidades ocultas que sólo esperan ser desplegadas por la actividad analítica y práctica de un 'agente real de enunciación y efectuación', porque el inconsciente, el social como el individual, no es algo ya dado sino 'lo real por venir, el campo transfinito de potencialidades ocultas' (PT, 235).

El segundo bloque de reflexiones que ligan análisis y política en la obra de Guattari se despliegan en torno a Mayo del 68 y al 'Movimiento 22 de Marzo' que fue el grupo político que más se aproximaba a la idea de grupo-sujeto revolucionario entrevisto por nuestro autor. En Mayo del 68 se impuso el deseo, predominando el impulso fantasmático de las masas frente a sus intereses inmediatos. Estos factores que podrían ser considerados desde cierto punto de vista irracionales, desde el freudismo no lo son, ya que precisamente toda la vocación del psicoanálisis ha sido desde su nacimiento descubrir la lógica implícita en fenómenos, como los sueños, los lapsus o los síntomas, que desde un punto de vista racionalista estrecho eran ilógicos y fuera de toda racionalidad. Precisamente lo más destacable de la actuación del Movimiento 22 de marzo fue su capacidad de producción de fantasmas transicionales, su capacidad de convertirse en un analizador-conector-impulsor de los deseos inconscientes de gran cantidad de jóvenes estudiantes presentes en las barricadas. Dicho grupo no fue un movimiento de masas ni una vanguardia clásica, dirigista, como sí lo pretendieron ser la mayoría de los grupúsculos ultraizquierdistas que intentaron capitalizar el movimiento, sino una vanguardia espontánea, que permitía hablar a la gente y que fomentaba los actos de trasgresión. El Movimiento 22 de marzo lo plantea Guattari como un prototipo de grupo-sujeto: es consciente de su finitud y su limitación, no se considera eterno, y además organiza las cosas a su alrededor no permitiendo que la totalización a la que da lugar se cierre y se transforme en totalidad. (Vemos aquí la utilización constante que Guattari hace de la terminología sartreana, especialmente de la correspondiente a la Crítica de la razón dialéctica). Dicho movimiento no fue sino el soporte que permitió a las masas enfrentarse con sus inhibiciones, dando lugar a una especie de fenómeno de transferencia colectiva. Estableció un corte significante, que permitió una concepción nueva de la política, sin petrificarla en una dogmática formalista y ritualizada. (PT, 271)
A partir de mayo del 68 Guattari desarrolla su colaboración con G. Deleuze de la que es muestra inicial el monumental AntiEdipo, manifiesto político del Mayo y elevación al nivel del concepto de las experiencias teóricas y vitales de esos años y además despliega una intensa actividad teórica que se condensa en libros como La revolución molecular de 1977, El inconsciente maquínico de 1978 y una recopilación de artículos titulada 1980-1985. Los años del invierno, publicada en 1986. En todos ellos continúa en su imbricación de psicoanálisis y política, a la vez que despliega una original creatividad ontológica que merece un estudio detallado que estamos desarrollando en otra parte. En el primero de estos libros establece las relaciones complementarias que tenían que darse entre la lucha de clases tradicional y esas nuevas luchas, difusas, ligadas a ámbitos sociales, culturales, individuales, no políticas, que Guattari agrupa bajo el título de la 'revolución molecular'. Esta revolución es molecular porque se desarrolla en el ámbito molecular, preindividual e inconsciente y pone en juego el deseo, mientras que las luchas tradicionales se dan en el nivel de los individuos y los grupos, se refieren a intereses conscientes y ponen en juego el nivel de la necesidad más que el del deseo. Molecular alude también a imperceptible, a microscópico, pero no por ello inexistente. La hierba crece, aparecen microgrietas en las estructuras más sólidas, surgen derivas, devenires que poco a poco dan lugar al surgimiento de lo nuevo, de lo inesperado, del acontecimiento, la gota horada la piedra. Hay efectos acumulativos que de repente se hacen perceptibles y se convierten en fenómenos de masas. A todos estos aspectos de las luchas alude Guattari con su término de revolución molecular. Casi todas estas revoluciones moleculares son el resultado de un proceso esquizo, desterritorializante, que se conecta con un flujo de deseo y pone en cuestión y quizás en peligro el orden dominante. Los militantes, como los analistas, tienen que moverse con el proceso, no taponarlo, no reprimirlo, sino experimentar con él, desarrollando sus lados esquizos, revolucionarios, y procurando contener sus aspectos paranoicos, fascistas (RM, 26). Las revoluciones moleculares generalmente presentan un cierto desacople respecto a las relaciones de fuerza aparentes en el nivel de la lucha de clases; a veces van por delante de las misma y a veces se quedan retrasadas (RM, 29). No todo flujo de deseo es beneficioso y creativo. No podemos olvidar que las masas desearon el fascismo y hoy aceptan de forma pasiva la integración en un orden capitalista, que se podría considerar como un fascismo molecular distribuido por todo el campo social, sin mucha resistencia explícita. A la lucha de clases clásica hay que acompañar de las luchas en el frente del deseo, que son más dispersas, más difusas, pero también más intensas y extienden la lucha a la denuncia de todo tipo de poderes.
La revolución molecular es el resultado de una micropolítica del deseo que no trata de representar a las masas ni de interpretar sus luchas sino de impulsarlas y coordinarlas en lo posible. La micropolítica del deseo es múltiple, es un cúmulo de luchas parciales, es el resultado de la multiplicidad de los deseos moleculares que se resisten a unificarse en una unidad ideal que represente y mediatice la multiplicidad de intereses(RM, 48-49). Los intereses son más fácilmente agregables porque suelen ser de índole cuantitativa, en cambio los deseos, son intensivos, cualitativos y admiten mal la composición y agregación. La micropolítica exige una organización que se configure como un grupo sujeto, como un dispositivo colectivo de enunciación capaz de hacer confluir los flujos semióticos, los flujos materiales y los flujos sociales. Esta preocupación por la conexión entre los niveles social, material y simbólico es constante en Guattari y culminará al final de su vida con su noción de ecosofía o ecología generalizada que articula las tres ecologías: la medioambiental, la social y la mental y cultural, como veremos posteriormente. Este nuevo tipo de organización revolucionaria tiene que parecerse más a una máquina de guerra que a un aparato de Estado. Aquí la experiencia del estalinismo está presente de nuevo en al reflexión de Guattari. Esta organización tiene que ser más un analizador de los deseos de las masas desde el interior o al menos de forma adyacente a las mismas que un sintetizador externo a las mismas. Se trata de ensamblar máquinas deseantes, de realizar una síntesis disyuntiva que suma y agrupa y no de totalizar los movimientos sociales (RM, 65). Los dispositivos militantes del porvenir tendrían que ser transversales, singularizadores y promover nuevas alianzas. Transversales porque no tienen una estructura jerárquica rígida sino flexible y democrática. Singularizadores porque las luchas del futuro que ya asoman por el horizonte son luchas en torno a la construcción de nuevas formas de subjetividad, a nivel individual y colectivo. Y forjadores de nuevas alianzas en los que se disuelvan sin miedo a perder su identidad, ya que ellos como grupos-sujeto que son saben que no son eternos que son mortales y por ello no tienen miedo a la desaparición, siempre que sea fructífera y desarrolle nuevas conexiones y dé lugar a nuevas experiencias. (AI, 68).
Sin embargo, no hay una glorificación de los márgenes frente al centro como tantas veces se ha dicho. Si se apuesta por el margen no es por sus virtudes intrínsecas sino porque en el margen, en la frontera, es donde gracias al mestizaje y al intercambio, hay más oportunidades para que se produzca lo nuevo, para que surja un devenir creativo. Por ejemplo, el movimiento homosexual que estaba naciendo en estos momentos es considerado por Guattari como potencialmente revolucionario, pero no de manera intrínseca. El homosexual no es un revolucionario en sí mismo, pero puede serlo por su carácter de exterioridad respecto al orden dominante, pueda convertirse en el ámbito donde se produzca una ruptura libidinal en la socialidad dominante, puede ser uno de los puntos de emergencia de las energías revolucionarias deseantes. (RM, 111)

4. - La concreción de esta fértil unión entre política revolucionaria y las aportaciones del psicoanálisis lacaniano y la psiquiatría alternativa se da en el denominado análisis institucional que Guattari desarrolló con J. Oury en La Borde. Dicha forma específica de análisis sa lugar a un enfoque de la enfermedad mental que no separa la misma de su contexto institucional y social, dado que es conciente de que existe una correspondencia entre los fenómenos de deslizamiento del sentido en el discurso de los psicóticos (esquizofrénicos) y los fenómenos de discordancia creciente que están surgiendo en todos los ámbitos de las sociedades industriales tanto capitalistas como soviéticas(PT, 95). El análisis institucional pretende estudiar los efectos imaginarios, simbólicos y reales que el contexto histórico tiene sobre los individuos. (PT, 263).
El análisis institucional es un trabajo en grupo que cuestiona el papel de cada uno de los agentes terapéuticos, tratando de recuperar la totalidad del personal de una unidad de atención de manera que se dé a cada uno de los la posibilidad de desempeñar un papel humano respecto de los enfermos, en un manejo de la cura que pretende no olvidar al sujeto. Este análisis intenta captar la totalidad problemática del sujeto enfermo, ayudándole a que asuma su enfermedad con el apoyo del conjunto del medio terapéutico y social en el que se desenvuelve dicho enfermo (PT, 81-99).
A partir de la noción sartreana de grupos sujeto y grupos sometidos Guattari elabora su idea de un análisis colectivo. Guattari se pregunta por lo que es un grupo, por la subjetividad de grupo, plantea si un grupo puede interpretar, si puede ser soporte de la trasferencia. (PT, 110). Mientras que los grupos sometidos reciben su ley del exterior perdiéndose en la alteridad social, presentan una estructura jerárquica rígida y se consideran eternos, los grupos sujeto intentan ser autónomos influyendo sobre su propia conducta, sus jerarquías son flexibles y son conscientes de su exposición a la finitud y a la muerte. Los grupos sujeto delimitan diacrónicamente lo real, reorientándose en el sentido de la historia, siendo conscientes del carácter provisional y parcial de cada momento de su proceso de totalización, nunca acabada del todo. (PT, 74). Los grupos sujetos son capaces de dar lugar a un corte significante que interrumpe la historia concebida como el desarrollo continuo del significado (PT, 206) y que produce el advenimiento de lo inconsciente ya que éste no es más que " lo real por venir, el campo transfinito de potencialidades ocultas por cadenas significantes abiertas o que esperan abrirse y ser articuladas por un agente real de enunciación y efectuación" (PT, 235).
Mientras que los grupos sometidos son totalidades cerradas y conclusas, los grupos sujeto son totalizaciones que nunca se cierran como totalidad acabada, retomando aquí de nuevo la terminología de la Crítica de la Razón Dialéctica. Los grupos sujeto enuncian algo, son oyentes y oídos, constituyen una estructura social de enunciación en la que hay que distinguir los contenidos manifiestos, correspondiente a lo que es dicho y hecho realmente y los contenidos latentes que expresan el deseo del grupo y que tienen que ser descifrados.
Los grupos sujeto presentan una estructura de autoridad flexible y transversal que se aleja por igual de la jerarquización vertical y rígida de los grupos sometidos y de la disolución horizontal de toda jerarquización. La transversalidad asegura, la comunicación máxima entre los diferentes niveles del grupo y los diferentes sentidos de sus enunciaciones. La transversalidad soporta el deseo del grupo y ayuda a que el delirio pueda alcanzar un modo de expresión colectiva. (PT, 104).La transversalidad es el lugar del sujeto inconsciente del grupo, constituye el soporte del deseo del grupo y se da en aquellos grupos que intentan asumir el sentido de su praxis y por lo tanto que pretenden instaurarse como grupos sujeto, asumiendo la confrontación con la alteridad, el sinsentido y la disolución o muerte del propio grupo.
Para Guattari, el problema fundamental del análisis institucional es "superar la contradicción entre un proceso de producción que refuerza los mecanismos de alienación de grupo y un proceso de elucidación del sujeto de conocimiento y del sujeto inconsciente"(PT, 197).Esta contradicción se reproduce al nivel de la que se da entre los fantasmas de grupo de los grupos sometidos y los fantasmas transicionales de los grupos sujetos. Los fantasmas de grupo refuerzan la consistencia imaginaria de los individuos asegurándoles contra la finitud, la precariedad y la muerte; al contrario los fantasmas transicionales son conscientes de la radical finitud no sólo del individuo sino también del grupo y por lo tanto de su mortalidad inherente y de la imposibilidad de su prolongación eterna. La cuestión es si la conciencia asumida de la propia finitud no perturba la capacidad de asumir los objetivos productivos del grupo. La cuestión es si es posible construir un sentido finito, precario y limitado si se es consciente del sinsentido global y final.
El análisis institucional prefigura la unión y la continuidad entre la economía libidinal y la economía política que constituirá el elemento distintivo del esquizoanálisis. (PT, 280). La economía libidinal se basa en la capacidad productiva de las máquinas deseantes mientras que la estructura del sistema que se configura como mecanismo antiproductivo se apropia de dicha producción como un vampiro. La antiproducción estructural lleva a cabo una recuperación permanente de los efectos subversivos que las máquinas deseantes tienen sobre las estructuras; sólo en el momento del corte revolucionario la producción se impone sobre la antiproducción y las máquinas deseantes dan forma a la subjetividad social dominada hasta entonces por la estructura antiproductiva. (PT, 280-283).
El desarrollo del capitalismo y su extensión a todos los campos vitales hace también que la lucha de clases se multiplique y pluralice y no pase ya por un frente estabilizado que opondría a los proletarios y los burgueses sino que se generaliza a todos los niveles y llega al interior de cada uno de nosotros transformado la libido de energía biológica en un objetivo clave de la lucha social. En esta nueva lucha en la que se confunden la economía libidinal y la economía política, el grupo revolucionario se presenta como un grupo analista, como una unidad de subversión deseante, vuelto hacia adentro para sumir su finitud y su precariedad y hacia afuera hacia lo otro. Se trata de constituir una nueva subjetividad que no repose ya en el individuo o en la familia conyugal sino que es colectiva, y se constituye como un agente colectivo de enunciación y de acción.. Frente a la producción en serie de individuos conformados por la angustia y la culpabilidad inconscientes, el análisis institucional parte de la idea de que todos somos grupúsculos, y estamos atravesados por fuerzas inconscientes que nos impulsan y que hay que articular en un plano de consistencia revolucionario capaz de hacer saltar todas las estratificaciones estructurales y sistémicas. El análisis institucional en tanto que catalizador de analizadores colectivos da lugar a una micropolítica del deseo dirigida a promover una revolución molecular que subvierta las estructuras dominantes.
La micropolítica del deseo tiene como campo privilegiado las luchas de subjetivación relacionadas con la sexualidad. Y en estas luchas se muestra que todas las formas de sexualidad alternativas se sitúan más acá o más allá de las oposiciones personológicas que oponen la homosexualidad a la heterosexualidad. Más aún, se puede decir que dichas formas alternativas de la sexualidad están más cerca de la homosexualidad o mejor aún de lo que se podría denominar un devenir femenino (RM, 197) que de la sexualidad convencional. El devenir femenino sirve de referencia a todo tipo de devenir: devenir niño, devenir animal, devenir vegetal, devenir mineral incluso. Para Guattari devenir es abrirse a lo nuevo, a lo imprevisto, a lo contingente, en oposición al eterno retorno de lo igual. Devenir es desarrollar, desplegar las potencialidades que llevamos dentro y que el discurso dominante nos impide dejar aflorar. El devenir femenino es el mediador, el intermediario de todos los devenires sexuales, e incluso de todo devenir, debido a que su proximidad al binarismo del poder fálico le facilita ocupar ese papel mediador. En ese sentido se puede afirmar que "toda organización disidente de la libido tiene que tener una relación con un devenir femenino que se configura como una línea de fuga respecto del socius represivo"(RM, 198).

5.-A continuación esbozaremos la visión del capitalismo que aparece en el AntiEdipo que como sabemos tenía por subtítulo 'Capitalismo y esquizofrenia'. En primer lugar, nuestros autores destacan la radical contingencia del capitalismo: nada hay de necesario en el surgimiento del mismo, antes bien, el capitalismo moderno es el resultado azaroso del encuentro, conjunción y reacción de una serie de flujos heterogéneos sobre otros: flujos de propiedades que se venden, flujo de dinero que mana de estas ventas, flujo de producción y de medios de producción que se van concentrando, flujo de trabajadores que se desterritorializan despegándose de la tierra y generando una mano de obra liberada de toda atadura feudal. (AE, 230). El corte capitalista supone una descodificación generalizada de los flujos: flujos de riqueza, de medios de producción, de trabajadores; una desterritorialización masiva, tanto de la riqueza que deja de ser inmueble para hacerse líquida y móvil como de los trabajadores que se escapan de las rígidas estructuras feudales y se van hacia las ciudades ('el aire de la ciudad hace libre') y, por último, la conjunción en un espacio y tiempo concreto y definido de dichos flujos desterritorializados, liberados de toda atadura, física y legal. El capitalismo moderno surge, pues, de la conjunción extrínseca de dos flujos: el flujo de productores liberados de la tierra y el flujo dinerario, que empieza a sustituir a los bienes inmuebles como emblema privilegiado de la riqueza.
Aquí nuestros autores siguen explícitamente los análisis que Marx desarrolla en El Capital , así como los cometarios de Althusser y sus discípulos en Lire le capital. Sirva este ejemplo de recordatorio a los que intentan separar a nuestros autores del marxismo y acercarlos al anarquismo. Siempre Deleuze y Guattari mantuvieron las reflexiones de Marx como referencias esenciales de sus análisis históricos y económicos. Por otra parte, hay que destacar también, ahora que está de moda despreciar la labor de Althusser como pensador marxista, el respeto que nuestros autores siempre tuvieron frente a la ingente labor althusseriana dirigida a proporcionarnos una visión de Marx materialista, alejada de todo humanismo dulzón y de cualquier sumisión a la dialéctica hegeliana.
El capitalismo en sentido estricto surge, pues, cuando se produce el paso de los códigos rígidos que dominaban los modos de producción capitalistas a la axiomática flexible que regula el capitalismo. Mientras que las codificaciones precapitalistas eran muy rígidas, y bastaba una modificación del medio externo (hambrunas, epidemias, guerras)o interno (surgimiento de capas sociales nuevas) par hacerlas quebrar, la axiomática capitalista es muy flexible, dado que actúa mediante la adición de axiomas en principio independientes entre sí. Mientras que los códigos suponen una exterioridad entre el aspecto productivo y el antiproductivo lo que hace que la extracción y apropiación del excedente sea política y no económica, la axiomática capitalista muestra la inmanencia de los aspectos antiproductivos en el seno mismo del aparato productivo. La explotación ya no es política, externa, sino económica, interna y por ello es invisible. La desigualdad surge en el seno mismo del intercambio de equivalentes. La explotación capitalista es 'justa' ya que se da entre 'iguales' que contratan 'libremente.' Otras diferencias importantes entre códigos y axiomáticas son las siguientes: Mientras que los códigos operan sobre flujos cualificados concretos, la axiomática capitalista opera a través de la moneda que es un equivalente abstracto y general puramente cuantitativo. La plusvalía de código proviene de la explotación externa mientras que la plusvalía de flujo surge del interior mismo de la producción. El poder (de explotación) en el capitalismo no es algo externo al aparato productivo sino que es inmanente a dicho aparato. Por otra parte, mientras que los códigos tienen un exterior, la axiomática capitalista ha interiorizado su propio límite. Por ultimo, ya no hay que inscribir señales en los cuerpos, ni fabricar una memoria en los individuos, ni son precisas las creencias, sólo la eficacia sirve, no hay que creer, ni recordar sino actuar. La axiomática se aplica, mientras que en los códigos estamos implicados.
Esta adaptabilidad extraordinaria del capitalismo, derivada de su capacidad de sustituir los códigos por una axiomática ágil y flexible, explica su desarrollo y su acomodación en contextos tan diferentes. Si los modos de producción precapitalistas siempre tenían un límite externo que los contenía, el capitalismo ha interiorizado el límite, lo ha hecho interno, y lo reproduce de forma continua, lo que hace que las crisis en el capitalismo, al contrario que en los demás modos de producción, no sean letales para el propio modo de producción sino sólo oportunidades de reestructuración interna y de adaptabilidad a unas condicione siempre fluctuantes. Como decía el propio Marx citado por nuestros autores: "La verdadera barrera de la producción capitalista es el propio capital ".
La inmanencia es la esencia del capitalismo: nada le es externo. No tiene límites. Ni siquiera es correcto plantear que la dinámica capitalista surge de la lucha de clases, ya que en el capitalismo propiamente dicha sólo hay una clase: la capitalista o burguesa. Clase descodificadora y descodificada que ha hecho saltar todos los órdenes, estamentos y castas anteriores. No hay, pues, dos clases opuestas, sino una única clase y el exterior. La oposición se da entre la clase y los fuera de clase, entre el límite relativo, el capitalismo y el límite absoluto, la esquizofrenia. Por ello, la tarea del movimiento obrero revolucionario fue, para Deleuze y Guattari, organizar una bipolaridad social en el seno de la máquina social capitalista. La clase obrera no es un dato sociológico o económico, no es algo dado previamente, sino algo a construir, un proyecto, que sólo tiene en los proletarios reales una materia prima que conformar y estructurar. Para nuestros autores, Lenin y el bolchevismo fueron los artífices de esta clase obrera con una conciencia de clase conforma a su interés objetivo que fue capaz de imponer a la burguesía un reconocimiento de la bipolaridad social.
Lo que en otros modos de producción se enfrentaba de forma trascendente como antiproducción al aparato productivo, en el capitalismo está integrado de forma inmanente en este último. La burocracia, el ejército, etc. son los principales impulsores dela producción, así como sus garantes frente a cualquier peligro exterior. El capitalismo integra y utiliza instituciones arcaicas en su propio provecho. La desterritorialización capitalista encuentra su propio límite en la reterritorializaciones que suponen estos arcaísmos: las naciones, la familia, etc.
Por todo lo anterior, quizás la única manera de combatir el capitalismo sea insertándose en sus múltiples flujos y contribuyendo a una aceleración de los procesos desterritorializadores en curso. No detener el proceso, sino ir más allá en un proceso de experimentación continua que escape al peligro, siempre presente, de la reterritorialización arcaizante. Hay que demostrar al capitalismo que no es suficientemente atrevido, ni innovador, que está limitado por sus sujeciones reterritorializantes, que no va todo lo lejos que puede ir. Más que crítica al capitalismo, pues, tenemos aquí, la propuesta de la esquizofrenia como la liberación tendencialmente total de los flujos, como la apertura radical a la novedad y al porvenir. Tenemos una crítica ultracapitalista al capitalismo. "... la esquizofrenia es el límite exterior del propio capitalismo o la terminación de su más profunda tendencia, pero que el capitalismo no funciona más que con la condición de inhibir esta tendencia o de rechazar y desplazar ese límite, sustituyéndolo por sus propios límites relativos inmanentes que no cesa de reproducir a una escala ampliada. Lo que con una mano descodifica, con la otra lo axiomatiza." (AE, 253-4). Límite relativo y límite absoluto: capitalismo y esquizofrenia, entre estos dos límites nos tenemos que mover.

6.-La reflexión política de Félix Guattari en sus últimos años se orienta hacia la ecología, pero no una ecología limitada al medio ambiente geográfico y natural, sino una ecología generalizada o ecosofía en la que se articulan tres ecologías: la natural, la social y la mental, cada una de ella volcada sobre un ámbito específico: el medio ambiente, el campo social y el universo mental, respectivamente. (TE ,12). Para Guattari las amenazas a las que el medio ambiente se encuentra sometido quizás no sean más que el síntoma, el indicio, de devastaciones más profundas que afectan también al campo social y al universo mental de nuestras sociedades contemporáneas. Las costumbres sociales han degenerado de la mano de un dominio de los medios de comunicación masivos casi absoluto sobre la formación-deformación de las subjetividades individuales, con el resultado de una homogeneización de las conciencias que ahoga toda singularidad y produce una infantilización generalizada. Esta es la cruz de la expansión exponencial de las nuevas tecnologías informáticas. Los cambios acelerados que las nuevas tecnologías han introducido en nuestra vida cotidiana, y en nuestras formas de relacionarnos en la sociedad han convertido en caducos nuestros valores y nuestras formas de ver el mundo que se han quedado obsoletas. En este vacío cognoscitivo y axiológico se ha introducido el relativismo más atroz y el individualismo más agresivo con sus secuelas de narcisismo y de concentración en la propia identidad, cada vez más frágil y amenazada por otra parte.
La conexión entre los aspectos naturales, sociales y mentales de la ecología es tan clara para Guattari que éste afirma que: "no habrá solución científica ni industrial a los problemas del medio ambiente sin profundas transformaciones de las estructuras sociales, de las costumbres individuales y colectivas; sin un cambio de mentalidad". Los cambios tienen que afectar los objetivos de la producción tanto material como inmaterial al nivel molar, agregado, y además afectar a los aspectos moleculares relacionados con la sensibilidad, la inteligencia y el deseo.
La concepción ecologista de Guattari es más ética y estética que 'científica, asociativa, política e industrial'. Es ética porque la ecología nos pone frente a nuestras responsabilidades con lo Otro, en todos sus niveles: humano, mineral, vegetal, cósmico. También la ecología es ética porque supone el reconocimiento de la finitud y de la limitación, el reconocimiento de que el mundo no es inagotable, ni permite cualquier tipo de transformación arbitraria. La ética ecológica es una ética de la mesura, de los límites, nada prometeica, una ética que es consciente de los efectos que lo global tiene sobre lo local. La ecología generalizada o ecosofía es estética porque se apoya no tanto en la conservación de lo dado como en el desarrollo de procesos creativos e innovadores. La salvación de los espacios naturales en peligro y de los espacios sociales y culturales amenazados sólo se podrá conseguir si somos capaces de crear formas de vida inéditas hasta ahora. Más que la nostalgia por un pasado preindustrial y premaquínico idílico irrecuperable se trata de una apuesta por la producción colectiva de 'una nueva subjetividad, una nueva socialidad y de una nueva naturaleza'. Estos procesos de innovación social no pueden ser dejados a la mera espontaneidad de la sociedad civil sino que tienen que ser modulados por el Estado a través del establecimiento de nuevos contratos de ciudadanía y de un nuevo contrato social con la naturaleza.






BIBLIOGRAFÍA DE FELIX GUATTARI

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Mil Mesetas, Pretextos, Valencia, 1978.
¿Qué es la filosofía?, Anagrama, Barcelona,1993.
Las verdades nómadas.Por nuevos espacios de libertad, Iralka, San Sebastián, 1996

Sobre Guattari

G. Genosko (ed) , Tfe Guattari Reader, Blackwell, Oxford, 1996.
G. Kaminsky (ed), Guattari. Cartografías del deseo, La Marca, Buenos Aires, 1995.

Guattari en la red

La mejor información sobre la vida y la obra de Felix Guattari se puede encontrar en esta página web asociada a la revista Chimeres que él mismo fundó con Deleuze. Aquí se encuentran los seminarios de 1980 a 1988, una serie de artículos, trabajos en torno a su obra y muchos vínculos interesantes.

http://www.revue-chimeres.org/guattari/guattari.html


Libros

David Pérez Chico


Luis Beltrán Almeria y Jose Luís Rodrígez


Revista

Ivan Alejo González


Pablo Lópiz Cantó






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