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El pensamiento de los poetas

Revista > 2008



El pensamiento de los poetas

Prólogo


Luisa Paz Rodríguez Suárez
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Probablemente Platón no hubiera expulsado de su ciudad ideal a ninguno de los poetas que aparecen recogidos en este libro, porque sus obras no se dirigen a las apariencias, sino que buscan lo más real de lo real. Consideradas en conjunto atraviesan el siglo XX y constituyen, en muchos sentidos, un referente fundamental para su comprensión. A través' de su escritura llegamos al límite del lenguaje mismo y así de la propia experiencia. Y es que estos poetas no son los mismos de los que hablaba Platón, aquellos que pretenden copiar las apariencias o expresar sus vivencias subjetivas sin más. Son poetas que no sólo buscan la verdad, sino que con su obra la producen, la hacen aparecer. Dicho en palabras de Heidegger "ponen en obra la verdad"(1), y precisamente por eso son obras de arte. En esto reside el significado ontológico de la poesía y del arte en general sobre el que Nietzsche y Heidegger meditaron con amplias repercusiones para el pensamiento contemporáneo.
En un articulo titulado "La novela y la metafísica" Merleau-Ponty(2) dice algo que nos hace recordar la concepción del arte de T.S. Eliot:


La obra de un gran novelista está siempre sostenida por dos o tres ideas filosóficas. Por ejemplo, el Yo y la Libertad en Stendhal, en Balzac el misterio de la historia como aparición de un sentido en el azar de los acontecimientos, en Proust el pasado envolviendo el presente y la presencia del tiempo perdido. La función del novelista no es la de tematizar estas ideas, sino la de hacerlas existir delante de nosotros como si fueran cosas. No es el papel de Stendhal discurrir sobre la subjetividad, le basta con hacérnosla presente.

Podemos hacer extensivo este juicio a los poetas en un sentido más radical aún si cabe, y así afirmar con el filósofo francés que sus obras son filosóficas o metafísicas "incluso si no emplean ni una sola palabra del vocabulario filosófico" (1948: 55; tr. 60). Esto es así especialmente en el caso de los escritores contemporáneos, pues" desde finales del siglo XIX, filosofía y literatura establecen relaciones cada vez más estrechas". Lo que refleja este fenómeno es que se ha abierto "una nueva dimensión de búsqueda", porque de lo que se trata, en suma, no es de explicar o razonar sobre el mundo, sino de "dar voz a la experiencia del mundo", de hacerlo presente (52-55; tr. 58 Y 59). Y con él al propio ser .humano, cuya autocomprensión queda cuando menos comprometida -si no resquebrajada- respecto de la tradición humanista cuando, después de la Primera Guerra Mundial, se asiste definitivamente a la apertura de una nueva época que es la nuestra. Un siglo en el que parecen converger trágicamente las contradicciones que apuntan hacia algunos de los fundamentos de nuestra tradición poniéndolos en entredicho.
G. Vattimo habla en este sentido de "la vocación ontológica de las poéticas del siglo XX", que, en última instancia, "se remonta hasta los últimos decenios del siglo XIX y que, no obstante, encuentra sus presupuestos remotos en el ámbito de las poéticas románticas" y en autores como Hölderlin. Por eso el filósofo italiano afirma que le parece "indiscutible que las poéticas del siglo XX son susceptibles de una discusión 'filosófica' "(3) . En el siglo XIX los artistas sienten los primeros efectos de la revolución industrial y las consiguientes transformaciones sociales y políticas, así como la emergente sociedad de masas a finales del siglo. Con el nuevo siglo XX se enfrentan al problema de su relación con el mundo que no es ajena al desgaste de los lenguajes artísticos. Tienen que habérselas con "la imposibilidad de decir todavía algo en formas y estructuras lingüísticas con las que parece que todo se haya dicho ya". Es en este contexto en el que se hace más evidente que nunca el hecho de que el lenguaje no agota su realidad en ser medio de comunicación, sino que lo es precisamente por ser aquello que delimita el campo de nuestras experiencias posibles. De ahí que en la renovación de todo lenguaje -incluido el de las artes- esté implicada, en última instancia, "el modo de la existencia del hombre contemporáneo" (Vattimo, 1993: 52-54). En estas poéticas de finales del XIX y principios del XX -p.e. en la impresionista, en la expresionista, en la formalista, en la simbolista- gravita la tradición romántica (Schelling y Schopenhauer) y postromántica que reivindica el conocimiento estético respecto al puramente intelectual y discursivo. Así como la idea de que el arte no es únicamente "un medio de acceso" a una realidad dada de antemano, sino que es ante todo ''fundación de la realidad" (67 y 69). De manera que un nuevo lenguaje "representa" también nuevos aspectos de lo real y su estructura. En este contexto la poesía sentimental de corte tradicional cede paso a otra lírica. Ya no se trata de una lírica de las vivencias o de la expresión de las emociones subjetivas, sino que se trata de una lírica que acentúa su carácter productivo y creador (poiein) (71 y 73).
No es de extrañar que con el devastador legado de la Segunda Guerra Mundial y en plena crisis de certezas -cuyo derrumbe se había iniciado ya con la Primera- surja en el corazón de Europa desde diversas instancias la pregunta por el significado del humanismo, del pensamiento y de la poesía. Como tampoco lo sea la revalorización de la poesía en el período de entreguerras, en el que aparece caracterizada como territorio de la verdad. Como apunta I. Kalinowski este periodo "introdujo un cambio profundo: una revalorización radical de la actividad literaria [...] que trajo consigo asimismo repercusiones profundas en la organización del campo filosófico"(4). A su vez, esta reorganización permitirá una aproximación diferente de la filosofía a la poesía.
Por su parte la filosofía en el siglo XX adquiere respecto de sí una conciencia lingüística que subraya la radical dimensión lingüística de nuestra experiencia. Así, Heidegger reconocerá que los seres humanos somos lo que somos desde esta lingüisticidad esencial y que para acceder a esta dimensión de suyo indisponible que articula nuestra existencia no sirve ya el "saber objetivante" tal como ha sido comprendido desde la modernidad. Por eso el filósofo alemán planteará la necesidad de buscar nuevos caminos para la filosofía respecto de la tradición metafísica anterior en la que se sostiene nuestra experiencia del pensamiento. En este sentido sitúa la posibilidad de trascender dicho "pensar objetivador [objektivierende Denken]" en "el dominio esencial del diálogo entre el poetizar [Dichten] y el pensar [Denken]". Y así hablará de un ejercicio del pensamiento al que denomina "pensar poetizante [dichtende Denken]"(5), pues la posibilidad de transformar el mundo pasa ante todo por transformar nuestra relación con el lenguaje. Para él "todo pensar inspirado [sinnende Denken] es un poetizar, mas toda poesía un pensar"(6), ya que "ambos se pertenecen mutuamente" en relación con dicha lingüísticidad primordial.

En este contexto podemos calificar la lírica de los poetas que aparecen en el presente volumen como una "lírica del pensamiento", si hacemos extensivo el modo en que Bollnow calificara la de Rilke, ya que sus obras no consisten en una "cobertura poética de un pensamiento aprehendido con anterioridad", sino que ese pensamiento está efectuado "siempre en virtud de una especial configuración poética del pensar mismo". Su respectiva poesía es un modo de decir en el que "pensar y poetizar no están todavía escindidos como posibilidades distintas, sino [que] la poesía como tal es también una forma del pensamiento"(7). Por lo tanto al hablar de "pensamiento" en el título del presente libro El pensamiento de los poetas, queremos significar esta íntima unión de poesía y filosofía a que nos hemos referido en estas páginas y que, superando cualquier clasificación genérica heredada, caracteriza toda obra genuina en el marco del quehacer intelectual contemporáneo. En este sentido, lo que se pretende es plasmar en cada caso el pensamiento que instaura su obra poética, la verdad que nos permiten comprender acerca de nosotros y de nuestro mundo. Para ello no hemos intentado plantear una nómina exhaustiva de poetas -si es que esto en cualquier sentido fuera posible-, sino que hemos elegido algunos de ellos cuya obra constituye un referente fundamental .en el sentido que venimos indicando. Así, a modo de ejemplo, en la década gloriosa para la literatura occidental de 1920 a 1930, cuando ven la luz las prosas de Kafka, Mann, Musil, Joyce y Proust, aparecen las obras poéticas fundamentales de Rilke y Eliot. Los poetas que junto con éstos hemos seleccionado -con la intención de que queden representadas obras poéticas fundamentales en lengua alemana, francesa, inglesa, italiana, rusa y española- han sido presentados por orden cronológico, ya que sus producciones poéticas, tomadas en conjunto, recorren el siglo XX y nos acercan a una visión del mismo.
Otra modalidad de este diálogo filosofía y poesía que hemos intentado plasmar es el que se ha dado entre filósofos y poetas, y de éstos entre sí. Estas diferentes formas de diálogo quedan recogidos en cada caso en los diversos autores que forman el libro. Diálogos tácitos o explícitos, más o menos directos, que conocen distintos momentos insignes y que se han concretado no sólo a través de sus obras, sino, en ocasiones, incluso en el contacto personal entre ellos. Por citar sólo algunos señalados ejemplos, Rilke remite de una parte a Kierkegaard y de otra a Heidegger. Stevens a Platón, Emerson o Peirce. Eliot a Bergson y a Bradley, entre otros. Ajmatova a Eliot. Celan a Rilke, Benjamin, Katka, Derrida y Heidegger, con quien también se encuentra R Charo Pasolini a Barthes. Juarroz a Cavell, Thoreau, Emerson. Es, pues, en este espacio de juego, que hemos venido caracterizando en estas páginas, en el que aparecen las obras de los poetas que presentamos a continuación.

Rainer María Rilke (1875-1926) es el poeta del siglo XX en lengua alemana; cuya obra se sitúa a la altura de la de Hölderlin. Ha sido definido como el poeta del hombre contemporáneo, ya que en su obra se lleva a cabo una interpretación radical de su existencia. Su obra ha llegado a ser considerada por ello una muestra de creación literaria de la filosofía de la existencia y, a su vez, ha contribuido a la formación de esta corriente de pensamiento. Ha reintroducido en el campo filosófico, entre otros aspectos, el problema de la muerte que había quedado prácticamente eliminado con el siglo anterior y que estará muy presente en adelante. Influido por Kierkegaard será un poeta fundamental para Heidegger, quien le considera poeta de la poesía y a su obra, que sitúa en la estela de Nietzsche, como la de un tiempo que anuncia otro modo de ser humano.

Wallace Stevens (1879-1955) aborda el problema de la representación poética del mundo de la vida, y con ello el del significado y la percepción. Como señala B. Penas la suya es una poesía en la que se da "un perfecto ajuste intertextual entre dos géneros discursivos, el poético y el filosófico". Se trata de "un tipo de poesía muy consciente de sí misma y del carácter reduplicativo, de copia, que adquieren la experiencia y la memoria de la experiencia". Para él "1a poesía es ficción [...] que apunta a otra ficción", el mundo o tierra. "Un mundo que sólo se alcanza indirectamente a través de ficciones interpuestas", siendo la ficción suprema el poema.

Thomas Stearns Eliot (1888-1965) crea -como dice V. Patea- "la sintaxis de una nueva subjetividad". Es también paradigmático de esa lírica del pensamiento a que nos hemos referido, ya que en su poesía se produce un distanciamiento artístico con respecto a la contingencia de sus sentimientos y anécdotas vivenciales, culminando en una estética de la impersonalidad. En este sentido, V. Patea recuerda cómo Eliot advierte de que los poetas no deberían "pensar" en verso, sino "sentir el pensamiento de forma tan inmediata como el olor de una rosa". A diferencia de otros poetas, como Rilke, tiene una profunda formación filosófica, interesándose especialmente por los problemas relativos al conocimiento y el lenguaje. Conoce, entre otras, la filosofía de Bergson y la de F. H. Bradley, y está al tanto de las controversias entre distintas corrientes de pensamiento de su tiempo como son el idealismo, el pragmatismo, el existencialismo y la lógica formal a través de Russell.

Anna Ajmatova (1889-1966) es una representante privilegiada de la cultura rusa del siglo XX y, junto con Mariria Tsvetaeva, la mayor poeta rusa del siglo XX. Como otros poetas de principios de siglo también quedará profundamente afectada por la Primera Guerra Mundial, un sufrimiento que en su caso se prolongará con la Segunda. En los años treinta, terribles para toda Europa, Ajmatova sufrirá el terror del totalitarismo estalinista. Como expone J. M. Aragüés, el dolor que destilan sus obras y la voz que denuncia este terror, es el dolor y la voz de todo un pueblo. A la dimensión universal de su experiencia se une la extensión de su producción poética que atraviesa el siglo como testigo insustituible de él.

Para René Char (1907-1988) la poesía es un "pensamiento cantado" en el sentido que venimos apuntando. Por eso es un referente fundamental en el diálogo filosofía-poesía. Su obra es un espacio privilegiado para esta relación en la que ambas quedan redefinidas como géneros. Como dice P. Tamassia "no se trata, para Char, de cantar las cosas presentes, sino más bien, su hacerse presentes", con lo que la poesía aparece como fundación del ser.
El hermetismo de Paul Celan (1920-1970) del que nos habla J. L. Rodríguez ejemplifica como pocos la lucha del lenguaje contra sí mismo para poder decir lo indecible. Su experiencia poética denuncia el holocausto, lo innombrable, aquello para lo que no hay palabra humana posible entre las posibilidades del decir heredado. La poesía de Celan nos lleva a los límites de lo decible: los campos de exterminio, el holocausto. Para poder decir lo que no se puede decir hay que llegar hasta los límites del lenguaje, de la propia razón; para decir lo inhumano, aquello para lo que no hay razón ni palabra posible, para el horror de la barbarie.

Con la obra del inclasificable Pier Paolo Pasolini (1922-1975) nos situamos a la altura de los años cincuenta-sesenta del siglo XX, y tal como hiciera H61derlin en su tiempo, señala la miseria del nuestro. Como dice D. Mayor, para Pasolini '1a acción es el manifestarse de la poesía en la vida". En este Sentido su obra puede ser comprendida como una ontología de la acción en la que la poesía dialoga con otros discursos. El sentido translingüístico de su poesía consiste no tanto en describir el mundo, sino de actuar en él, con lo que la poesía consigue ser manifestación de la verdad: "La poesía pasoliniana será una escritura de la impureza, de la ausencia de certezas, impulsada por la voracidad política de una necesidad: la de cambiar el estatuto de lo real", en suma, de convocar a la
acción.

La poesía de Roberto Juarroz (1925-1995) transita poéticamente el camino que recorre el filósofo Stanley Caven, quien afirma que en la modernidad el mundo ordinario se ha vuelto cada vez más extraño y que por ello es necesario recuperarlo para habitarlo plenamente. Para el filósofo norteamericano ésta es la tarea principal de la filosofía. Como precisa D. Pérez Chico, cuando éste habla de "la pérdida del mundo ordinario, se refiere […] a la pérdida o ruptura de una cierta intimidad existencial que nos une al mundo y a los otros en él". Una manera en que se produce dicha recuperación es la poesía vertical de Roberto Juarroz, cuya obra enlaza con la percepción de la finitud humana con la que se inicia nuestro siglo. En su poesía la recuperación del mundo ordinario encuentra su expresión en lo que el poeta denomina "resacralización" (laica) del mundo a fin de no eliminar de la vida su trascendencia originaria. El eco de Rilke también se deja notar en la concepción juarroziana de "la muerte entera" en su intento poético de dar voz a lo que no habla.

(1) "Der Ursprung des Kunstwerkes" [1935], Stuttgart, Reclam, 1988, p.62 (trad. J. Rovira, "El origen de la obra de arte", en Sendas perdidas, Buenos Aires, Losada, 1960, p.51).
(2) "Le roman et la metaphysique", en
Sens et non-sens, Paris, Nagel, 1948, pp. 51-52 etrad. N. Comadira, "La novela y la metañsica", Sentido y sinsentido, Barcelona, Península, 2000, p. 57).
(3)
Poesía y ontología, Universitat de Valencia, 1993, pp. 47y 49.
(4) "La littérature dans le champ pbilosophique français de la premiére moitié du XXe siecle", Methodos, 1,2001: http://methodos.revues.org/document53.html#ftn17 [septiembre de 2008].
(5) Heidegger, M. (1976 [1964J): "Anhang", "Phänomenologie und Theologie", en
Wegmarken, Gesamtausgabe 9, Frankfurt, K1ostermann, p. 70 (trad. H. Cortés y A Leyte, "Apéndice"de "Fenomenologia y teologia", Hitos, Madrid, Alianza Editorial, 2000).
(6) Heidegger, M. (1990 [1959]):
Unterwegs zur Sprache, Pfullingen, Neske, p. 267 (trad. Y. Zimmermann, De camino al habla, Barcelona, Ediciones del Serbal, 1987, aunque en este caso optamos por nuestra traducción).
(7) Bollnow, O. F. (1963 [1956J): Rilke, Madrid, Tauros, pp.18-19 .


El Pensamiento de los poetas. Zaragoza, 2009.
Editores Luisa Paz Rodríguez Suárez y J.L. Rodríguez García.
Colección Herramientas
Editorial Eclipsados



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Luis Beltrán Almeria y Jose Luís Rodrígez


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